Seguridad

Contraindicaciones del masaje yóguico

El masaje yóguico es masaje manual, así que comparte las contraindicaciones de cualquier masaje. Saber cuándo no aplicarlo es parte de aprenderlo.

Contraindicaciones absolutas

Cuándo no se da masaje, en ninguna zona

En estas situaciones no se aplica ningún tratamiento hasta que la persona esté recuperada o cuente con autorización médica expresa.

  • Fiebre o cualquier proceso infeccioso agudo.
  • Enfermedades infecciosas contagiosas, tanto por la persona como por quien da el masaje.
  • Trombosis, flebitis o sospecha de coágulo. El masaje puede movilizarlo. Es una urgencia médica, no una contraindicación relativa.
  • Hemorragia activa o cualquier sangrado sin causa conocida.
  • Postoperatorio reciente sin alta médica.
  • Enfermedad grave descompensada: cardíaca, renal, hepática o respiratoria.
  • Cáncer, salvo autorización expresa del equipo médico que trata a la persona.
  • Personas encamadas o en estado crítico.
  • Intoxicación por alcohol o drogas, o estado de conciencia alterado.
  • Falta de consentimiento. Si la persona no quiere, no puede o no está en condiciones de consentir, no hay masaje.
Contraindicaciones locales

Zonas que se evitan, aunque el resto se pueda trabajar

Aquí no se descarta la sesión entera: se rodea la zona afectada y se trabaja el resto con normalidad.

  • Quemaduras, heridas abiertas, úlceras o cicatrices recientes.
  • Varices y arañas vasculares. Nunca presión ni fricción sobre ellas.
  • Inflamación aguda, edema o zonas calientes y enrojecidas.
  • Fracturas, esguinces, luxaciones o lesiones recientes.
  • Hematomas y contusiones.
  • Infecciones de la piel: hongos, herpes, verrugas, dermatitis en brote.
  • Bultos o tumoraciones sin diagnosticar. No se tocan y se recomienda consulta médica.
  • Prótesis, implantes o marcapasos: se evita la zona.
  • Osteoporosis avanzada: nunca presión profunda ni maniobras percutivas.
  • Zonas sensibles: ojos, garganta y carótidas, axilas, ingles, pecho, genitales, zona renal, huecos de la rodilla y plexo solar. Solo con formación específica y consentimiento explícito.
Precaución

Situaciones que exigen consultar antes

No impiden el masaje por sí solas, pero obligan a preguntar, a adaptar la sesión y, en caso de duda, a que la persona lo consulte con su médico.

  • Hipertensión o hipotensión, y problemas cardíacos en general.
  • Diabetes: puede haber pérdida de sensibilidad y fragilidad en la piel.
  • Anticoagulantes u otra medicación que favorezca los hematomas.
  • Analgésicos potentes o medicación que altere la percepción del dolor: la persona puede no avisar de que algo le duele.
  • Epilepsia.
  • Enfermedades autoinmunes o reumáticas en fase de brote.
  • Trastornos psiquiátricos, crisis de ansiedad, episodios disociativos o procesos de duelo intensos.
  • Historial de trauma o abuso. El contacto físico puede activar recuerdos. Consentimiento explícito, avisar antes de tocar cada zona nueva y parar a la primera señal.
  • Alergias a aceites, esencias o productos de la piel.
  • Fibromialgia y cuadros de dolor crónico: presión muy suave y ritmo lento.
Casos especiales

Cuatro situaciones que merecen su propio criterio

  • Menstruación Muchas mujeres reciben masaje sin problema durante la regla, pero se evita el trabajo profundo en abdomen y zona lumbar, y las maniobras percutivas. La decisión es siempre de ella: pregunta y respeta la respuesta sin insistir.
  • Embarazo Durante el primer trimestre no se aplica. A partir de ahí, solo con formación específica en masaje prenatal: no todos los tratamientos son aptos, nunca boca abajo, nunca abdomen, y nunca presión sobre los puntos que la tradición desaconseja en gestación.
  • Bebés y menores Los tratamientos pensados para adultos no se aplican a niños. Requieren adaptación, presión mínima y sesiones mucho más cortas. Siempre con consentimiento de madre, padre o tutor legal, y con esa persona presente durante toda la sesión.
  • Personas mayores Piel más frágil, huesos más frágiles y circulación más delicada. Presión suave, sin maniobras percutivas, tiempos más cortos y comprobando con frecuencia cómo se encuentra.
Sobre el dolor

No todo el dolor es igual

Sería cómodo decir que el masaje yóguico no duele nunca, pero no es cierto. Si un músculo está tenso, cierta molestia es inevitable. Lo importante no es evitar toda sensación, sino saber distinguir de qué tipo es.

Dolor agudo

El que hace daño. Es punzante, la persona se contrae, se aparta, aprieta los dientes o aguanta la respiración para soportarlo. Ese nunca. No hay beneficio al otro lado: solo defensa del cuerpo, más tensión y riesgo de lesión.

Dolor agridulce

El que molesta y alivia a la vez. La persona lo agradece mientras ocurre, respira mejor, se suelta, y al terminar la zona queda más libre que antes. Ese es el que buscamos. Es la frontera exacta donde el trabajo es útil.

Y aquí viene la advertencia

Hay profesionales del masaje que trabajan musculatura profunda, deshacen contracturas y hacen ajustes biomecánicos donde sí aparece dolor. Pueden hacerlo porque saben cuándo, dónde, cómo y con quién. Eso no se aprende en un vídeo: son años de formación específica y de manos.

Si no eres profesional del masaje o no te has formado para eso, sé prudente. No busques el límite: quédate por debajo. Ante la duda, mejor no causar dolor.

Cómo saber dónde estás

  • Pregunta, y pregunta bien. No «¿te duele?», sino «¿esto es agradable o te está haciendo daño?». La respuesta es distinta.
  • Mira la respiración. Si se corta o se contiene, te has pasado. Si se hace más profunda, vas bien.
  • Mira la cara y los hombros. El cuerpo avisa antes que las palabras, y mucha gente aguanta por no interrumpir.
  • Entra despacio. La presión se gana con el tiempo, no se impone al principio.
  • Recuerda el foco. Estás ahí para dar, no para arreglar. Si notas que empujas por conseguir un resultado, has perdido el hilo.
Durante la sesión

Cuándo hay que parar

Una sesión que empezó bien puede tener que interrumpirse. Detén el masaje ante cualquiera de estas señales:

  • Dolor agudo, del que hace daño. Se aligera o se para de inmediato. Sobre la diferencia entre este y la molestia que alivia, lee la sección anterior.
  • Mareo, náusea, palidez o sudor frío.
  • Dificultad para respirar o palpitaciones.
  • Reacción emocional intensa que la persona no pueda sostener. Acompaña, no continúes con la técnica.
  • Cualquier petición de parar, dicha con palabras o con el cuerpo. No se negocia y no se pregunta por qué.
Buena práctica

Antes de poner las manos

  • Pregunta siempre. Estado de salud, lesiones, medicación, cirugías, embarazo, alergias. Por escrito si das sesiones de forma regular.
  • Pide consentimiento en voz alta antes de empezar y antes de cada zona nueva.
  • No diagnostiques. No es tu papel y no estás cualificado para ello, salvo que además seas profesional sanitario.
  • No recomiendes suspender ningún tratamiento médico. Nunca, bajo ninguna circunstancia.
  • Deriva cuando toque. Decir «esto lo tiene que ver un médico» es también parte de tu trabajo.
  • Registra lo que haces si trabajas con la misma persona a lo largo del tiempo.
Seguir aprendiendo

La seguridad es parte de la técnica

Un buen masajista no es el que conoce más tratamientos, sino el que sabe cuándo aplicarlos y cuándo no. Eso también se enseña en la Biblioteca.

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