Respira Vida

Media hora larga de respiración profunda y quietud, con muy poco contacto y mucha atención. El paciente respira, el sanador medita con él, y después se trabaja el punto del ombligo, la barbilla y el entrecejo. Está indicado para la inquietud, la tensión que no se suelta y las personas a las que les cuesta bajar de revoluciones aunque estén tumbadas.

  • Fácil
  • De 25 a 40 min
  • Boca arriba, en camilla

En qué ayuda este tratamiento

Este tratamiento actúa sobre la inquietud y la tensión de fondo, sobre la respiración corta y sobre la dificultad para desconectar. Es para la persona que se tumba en la camilla y sigue con el cuerpo en alerta, con la cabeza en la lista de cosas pendientes.

Porque tumbarse no es relajarse. Eso es lo primero que dice el manual, y de ahí sale todo lo demás: antes de trabajar sobre nada hay que conseguir que la persona baje de verdad, y eso lleva su tiempo.

También sirve cuando alguien llega con un dolor que no sabe explicar. Se le pide que señale dónde está y se trabaja desde ahí, con la mano cerca y la atención puesta.

Qué hace este tratamiento

La primera parte es respiración. Se le pide a la persona, con cariño pero con firmeza, que respire largo y profundo tanto como pueda, y se le acompaña entre cinco y quince minutos, hasta que el pulso se vuelve lento y suave. El sanador no se limita a mirar: medita con el paciente. Si hace falta, un masaje muy suave del ombligo ayuda a que suelte del todo.

La segunda parte es el circuito. El sanador toca la zona donde el paciente ha señalado el dolor, levanta la mano unos centímetros por encima y se concentra, y le pide a él que se concentre también. Las dos atenciones puestas en el mismo sitio son lo que forma el circuito de energía sanadora. Son dieciocho minutos, y es el corazón del tratamiento.

El cierre vuelve al cuerpo: unos minutos en el punto del ombligo y después el pulgar sobre el centro de la barbilla, el punto lunar, y el índice sobre el entrecejo, el punto solar, sostenidos a la vez durante un minuto. Yogi Bhajan enseñaba a unir esos dos puntos con el pulgar y el índice y a pedir entonces una respiración fuerte y profunda: eso equilibra.

La sanación ocurre entre dos

Este es el tratamiento donde más claro queda un principio del método: la sanación pasa entre dos personas, y lo que la sostiene es el amor. No es una energía externa que llega de fuera y arregla algo. Es la misma energía que ya está ahí, la misma que cuando se desordena hace enfermar.

Por eso aquí el estado del sanador pesa tanto como su técnica. Media hora sosteniendo atención no se improvisa, y el paciente nota si estás realmente ahí o si estás contando los minutos. Es el tratamiento en el que menos se hace con las manos y más se hace con la presencia.

Cuándo usarlo

Como apertura de una sesión larga, cuando el paciente llega demasiado activado para que cualquier otra cosa funcione. O como sesión entera, con quien lleva mucho tiempo tenso y necesita una hora tranquila más que una técnica concreta.

Si buscas algo más corto para conseguir lo mismo, Centrar a una Persona recoge al paciente en pocos minutos y sin camilla. Liberar el Miedo y el Dolor continúa por el terreno emocional que este tratamiento suele abrir. Y Eliminar la Negatividad trabaja el entrecejo con más profundidad.

Zonas que trabaja

Respiración, punto del ombligo, centro de la barbilla y entrecejo, además de la zona que el paciente señale como dolorida, trabajada con la mano suspendida unos centímetros por encima. El paciente está tumbado boca arriba todo el tiempo. Hace falta una sala tranquila, tiempo de sobra y una manta.

Antes de practicarlo

La respiración larga y profunda se hace sin forzar. Si aparece mareo, hormigueo en las manos o sensación de falta de aire, se vuelve a la respiración normal y se espera. No se insiste en aguantar más de lo que el cuerpo pide.

El masaje del ombligo es opcional y suave. Aun así, no se hace durante el embarazo ni en días de menstruación, y conviene que hayan pasado dos o tres horas desde la última comida.

Barbilla y entrecejo se sostienen con presión ligera, nunca sobre los ojos. Se evita la presión en la barbilla si hay dolor o chasquidos en la articulación de la mandíbula.

Aquí se pregunta por el dolor, y esa pregunta tiene consecuencias. Si el paciente describe un dolor nuevo, intenso o que no sabe explicar, lo que corresponde es recomendarle que lo consulte. Este tratamiento acompaña; no sustituye a un diagnóstico ni a un tratamiento médico.

Media hora de quietud abre cosas. Es habitual que aparezcan emociones o que la persona cuente algo que no esperaba contar. Se escucha sin interpretar y sin convertir la camilla en una consulta. Si alguien atraviesa un momento difícil de forma sostenida, lo que necesita es ayuda profesional.

Cuida la temperatura de la sala y tapa al paciente: el cuerpo se enfría cuando lleva mucho rato inmóvil. Y al terminar, déjale tiempo antes de incorporarse.

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Damos, no quitamos. Aquí nombramos molestias y dolores porque así es como buscamos las cosas, y porque un masajista necesita saber qué le pasa a quien tiene delante. Pero al tratar no persigues un síntoma: das energía, y el cuerpo hace el resto.

Fuente: Manual Nivel 1 (2020), pág. 41 · Curso de Barcelona (1985), pág. 5. Con comentarios de Yogi Bhajan recogidos en el manual Ra Ma Da Sa Sa Se So Hung.

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