Media hora larga de respiración profunda y quietud, con poco contacto y mucha atención. El paciente respira, el sanador medita con él y al final se trabajan el punto del ombligo, la barbilla y el entrecejo. Va bien para la inquietud, para la tensión que no termina de soltarse y para quien no consigue bajar el ritmo ni estando tumbado.
En qué ayuda este tratamiento
Sirve para la inquietud y para esa tensión de fondo que no se va, para la respiración corta y para la gente a la que le cuesta desconectar. Piensa en la persona que se tumba en la camilla y sigue con el cuerpo en tensión, dándole vueltas a todo lo que tiene pendiente.
Estar tumbado no significa estar relajado, y eso condiciona el resto del trabajo: antes de tratar nada hay que conseguir que la persona baje de verdad, y eso lleva su tiempo.
También va bien cuando alguien llega con un dolor que no sabe explicar. Se le pide que señale dónde lo tiene y se trabaja desde ahí, con la mano cerca y la atención puesta.
Qué hace este tratamiento
La primera parte es respiración. Se le pide a la persona, con cariño pero con firmeza, que respire largo y profundo todo lo que pueda, y se está con ella entre cinco y quince minutos, hasta que el pulso se vuelve lento y suave. El sanador no se queda mirando, sino que medita con el paciente. Si hace falta, un masaje muy suave del ombligo ayuda a que termine de soltarse.
La segunda parte es el circuito. El sanador toca la zona donde el paciente ha señalado el dolor, levanta la mano unos centímetros por encima y se concentra ahí, y le pide a él que haga lo mismo. De esas dos atenciones puestas en el mismo sitio sale el circuito de energía sanadora. Dura dieciocho minutos y es la parte principal del tratamiento.
El cierre vuelve al cuerpo: unos minutos en el punto del ombligo y después el pulgar sobre el centro de la barbilla, el punto lunar, y el índice sobre el entrecejo, el punto solar, sostenidos a la vez durante un minuto. Yogi Bhajan enseñaba a unir esos dos puntos con el pulgar y el índice y a pedir en ese momento una respiración fuerte y profunda, que es lo que equilibra.
La sanación ocurre entre dos
Aquí se ve con mucha claridad uno de los principios del método: la sanación ocurre entre dos personas y lo que la sostiene es el amor. La energía con la que se trabaja no viene de fuera, es la que ya está en el cuerpo, la misma que cuando se desordena acaba enfermando a la persona.
Por eso en este tratamiento el estado del sanador cuenta tanto como la técnica. Sostener la atención durante media hora no se improvisa, y el paciente nota perfectamente si estás ahí o si estás mirando el reloj. De todos los tratamientos, este es el que menos se hace con las manos.
Cuándo usarlo
Sirve para abrir una sesión larga, cuando el paciente llega tan activado que no hay técnica que le funcione. También como sesión entera, con alguien que lleva mucho tiempo tenso y necesita una hora tranquila más que una técnica concreta.
Si necesitas algo más corto para conseguir lo mismo, Centrar a una Persona recoge al paciente en unos minutos y sin camilla. Liberar el Miedo y el Dolor sigue por el terreno emocional que este tratamiento suele abrir, mejor en otra sesión. Y Eliminar la Negatividad trabaja el entrecejo con más profundidad.
Zonas que trabaja
Se trabajan la respiración, el punto del ombligo, el centro de la barbilla y el entrecejo, además de la zona que el paciente señale como dolorida, con la mano suspendida unos centímetros por encima. El paciente está tumbado boca arriba todo el rato. Hacen falta una sala tranquila, tiempo de sobra y una manta.
Antes de practicarlo
La respiración larga y profunda se hace sin forzar. Si aparece mareo, hormigueo en las manos o sensación de que falta el aire, se vuelve a respirar normal y se espera. No se insiste en aguantar más de lo que pida el cuerpo.
El masaje del ombligo es opcional y suave. Aun así, no se hace durante el embarazo ni en días de menstruación, y conviene que hayan pasado dos o tres horas desde la última comida.
La barbilla y el entrecejo se sostienen con poca presión, nunca sobre los ojos. Si hay dolor o chasquidos en la mandíbula, se deja la barbilla.
En este tratamiento se pregunta por el dolor, y hay que saber qué hacer con la respuesta. Si el paciente describe un dolor nuevo, fuerte o que no sabe explicar, lo que toca es recomendarle que lo consulte con un médico. Esto no sustituye a un diagnóstico ni a un tratamiento médico.
Media hora de quietud remueve cosas. Es normal que aparezcan emociones o que la persona cuente algo que no tenía pensado contar. Se escucha sin interpretar y sin convertir la camilla en una consulta. Si alguien está pasando por un momento difícil de forma prolongada, lo que necesita es ayuda profesional.
Cuida la temperatura de la sala y tapa al paciente, porque el cuerpo se enfría cuando lleva mucho rato quieto. Y al terminar, dale tiempo antes de que se incorpore.
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Damos, no quitamos. Aquí nombramos molestias y dolores porque así es como buscamos las cosas, y porque un masajista necesita saber qué le pasa a quien tiene delante. Pero al tratar no persigues un síntoma: das energía, y el cuerpo hace el resto.
Fuente: Manual Nivel 1 (2020), pág. 41 · Curso de Barcelona (1985), pág. 5. Con comentarios de Yogi Bhajan recogidos en el manual Ra Ma Da Sa Sa Se So Hung.

