Un ajuste craneal corto e intenso que recorre el cráneo, la nariz y los pómulos, gira el cuello a ambos lados y termina pinzando los trapecios. Está indicado para los hombros cargados, el cuello rígido y esos momentos de desánimo en los que alguien no encuentra el empuje para afrontar lo que tiene delante. Se hace con el paciente sentado, sin camilla, en menos de tres minutos.
En qué ayuda este tratamiento
Este tratamiento actúa sobre la tensión de los hombros y los trapecios cargados, esa franja que se endurece cuando alguien lleva tiempo aguantando más de lo que puede. También sobre la rigidez del cuello y sobre la tensión que se acumula alrededor de los ojos y de los pómulos.
En el plano interno está indicado para el desánimo y la falta de empuje: la sensación de estar hundido, de no encontrar fuerzas para dar un paso que hay que dar. La combinación de trabajo craneal, apertura del pecho y liberación de los hombros devuelve una sensación de firmeza que el cuerpo reconoce antes que la cabeza.
Qué hace este tratamiento
Empieza sosteniendo el cráneo entero con las palmas, con el peso de la cabeza descansando sobre el sanador. Desde ahí el trabajo pasa a los huesos de la nariz, a las mejillas y a los pómulos, y sigue con dos rotaciones lentas del cuello, una a cada lado.
La parte final baja al pecho y a los hombros. Se presiona el hueco que queda tras el esternón mientras el paciente tose, primero de forma normal y después con la boca abierta y la lengua fuera. La tos hace de descarga: mueve lo que se ha ido soltando arriba. Luego se pinzan los trapecios con fuerza y se termina empujando los hombros hacia abajo con la base de la palma.
Ese descenso final es lo que da nombre al tratamiento. El coraje, en el método, no es un estado mental: es una postura. Los hombros bajos, el pecho abierto y la cabeza sostenida son la forma física de estar dispuesto.
Cuándo usarlo
Cuando alguien llega con los hombros subidos hasta las orejas, el cuello agarrotado y la sensación de cargar con todo. Y también cuando el paciente está atravesando algo que le pide firmeza y no la encuentra: una decisión pendiente, un cambio que teme, una etapa en la que se siente pequeño.
Va en la fase de desarrollo de la sesión, con el paciente ya relajado y con confianza. Si buscas un trabajo de rostro más largo y suave para la misma zona, Cabeza y Glándula Timo es la opción amable y se puede hacer antes de este. Craneal y Ombligo añade el centro abdominal al trabajo de cabeza. Y para asentar después lo que se ha movido, Seguridad y Conexión con la Tierra lleva el arraigo a las piernas y la columna.
Zonas que trabaja
Cráneo, rostro, frente, ojos, huesos de la nariz, mejillas, pómulos, sienes, nuca, cuello, esternón, trapecios y hombros. El paciente permanece sentado durante todo el tratamiento y el sanador trabaja de pie, detrás de él.
Antes de practicarlo
Se trabaja sobre los ojos y cerca de la garganta, con presión sostenida sobre estructuras delicadas. Requiere experiencia previa: no es un tratamiento para empezar.
Avisa antes del paso de la tos. Explícale al paciente que le vas a pedir que tosa, primero con normalidad y después con la boca abierta y la lengua fuera. Saberlo evita el sobresalto.
Las rotaciones del cuello se hacen despacio y sin forzar el recorrido. Si el paciente tiene una lesión cervical, hernia o mareo al girar la cabeza, esa parte se omite.
La pinza de los trapecios es firme, pero se regula según la tolerancia de cada persona.
El tratamiento en vídeo
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Damos, no quitamos. Aquí nombramos molestias y dolores porque así es como buscamos las cosas, y porque un masajista necesita saber qué le pasa a quien tiene delante. Pero al tratar no persigues un síntoma: das energía, y el cuerpo hace el resto.
Fuente: Manual Nivel 1 (2020), pág. 93 · The Miracle of Healing Hands, Waheguru S. Khalsa (1997), pág. 118.

