Un tratamiento corto que combina presión en el ombligo con trabajo en los hombros, los brazos y la parte alta de la espalda. Está indicado para las digestiones pesadas, la sensación de nudo en el estómago y el cansancio que no se va con dormir. Relaja tanto que hay pacientes que se quedan dormidos antes de terminar.
En qué ayuda este tratamiento
Este tratamiento actúa sobre las digestiones lentas y pesadas, la tensión abdominal y ese nudo en el estómago que aparece en las temporadas de mucha carga. Es útil con quien come deprisa, come tarde y nota que la comida se le queda parada durante horas.
También ayuda a las personas a las que les cuesta soltarse por la noche. El trabajo sostenido sobre el ombligo tiene un efecto sedante muy marcado: la respiración se hace más lenta sola y el cuerpo se afloja sin que el paciente tenga que colaborar. En el manual se dice sin rodeos que puede llegar a dormirle, y en la práctica ocurre a menudo.
Y ayuda con la falta de resistencia. No con el cansancio de un día concreto, sino con el de fondo, el de quien lleva meses tirando y ya no recupera con el fin de semana.
Qué hace este tratamiento
El ombligo es el centro. Es desde ahí desde donde la energía se reparte al resto del cuerpo, y es la sede del tercer chakra, el del elemento fuego: la capacidad de digerir, de sostener el esfuerzo y de hacer que las cosas pasen. Cuando ese fuego está bajo, la digestión se vuelve pesada y la voluntad también.
El tratamiento no empieza por el abdomen, sino por arriba. Se trabaja primero el surco óseo de la parte delantera del hombro con un movimiento vibratorio muy rápido, después la zona del brazo justo por encima del pliegue del codo, y luego los músculos a los lados de la columna en la parte alta de la espalda. Todo eso mueve y calienta el terreno. Solo entonces se va al ombligo, con presión mantenida y la mano en mudra de cono.
El paciente no está pasivo en ningún momento. Mientras el sanador trabaja los brazos y la espalda, se le pide que bombee el abdomen: sacarlo todo lo que pueda y meterlo después hacia la columna, adelante y atrás, sin parar. Ese bombeo es el motor del tratamiento. La presión de las manos por sí sola haría la mitad del trabajo.
El cierre baja al rostro, bajo los pómulos, y termina en las piernas por encima de las rodillas, para repartir hacia abajo lo que se ha movido y devolver al paciente a un estado tranquilo antes de que se incorpore.
El pulso del ombligo
Este tratamiento tiene una particularidad que no tienen casi los demás: empieza y termina con una comprobación. Antes de tocar nada, el sanador apoya la mano en el abdomen y busca dónde late más fuerte el pulso umbilical. Puede estar en el ombligo mismo o desplazado hacia arriba, hacia abajo, a un lado o al otro. Al final se vuelve a mirar.
La idea del método es que ese pulso tiende a centrarse cuando el ombligo se equilibra, y que centrado es donde mejor funciona todo: la digestión, la resistencia y la capacidad de relajarse. No siempre vuelve al centro exacto, y no pasa nada. Lo que se busca es que mejore su posición, no que se coloque en un punto ideal.
Si al terminar sigue exactamente donde estaba, se deja para otro día. Insistir no lo mejora.
Cuándo usarlo
Va en la fase de desarrollo de la sesión, con el paciente ya caliente y confiado, porque implica tocar el abdomen y cambiar de postura tres veces. Encaja bien con quien llega diciendo que le sienta mal todo lo que come, o que duerme mal desde hace semanas.
Si buscas algo más breve y en una sola postura para la misma zona, Resolviendo la Tensión del Ombligo resuelve en tres minutos y sin mover al paciente de la camilla. La Estufa Dorada trabaja el mismo fuego digestivo desde el calor, y va bien en invierno o con pacientes muy fríos. Y cuando quieras algo más amplio, Las Tres Identidades lleva el trabajo del ombligo a los otros dos centros y da para una sesión entera.
Zonas que trabaja
Ombligo y abdomen, surco delantero del hombro, brazos por encima del pliegue del codo, músculos a los lados de la columna en la parte alta de la espalda, pómulos y piernas por encima de las rodillas. El paciente cambia de posición tres veces: sentado en un taburete o en el borde de la camilla, boca abajo, y boca arriba para la parte final. Hace falta camilla y un sitio donde sentarse.
Antes de practicarlo
Trabajo sobre el ombligo. No se hace durante el embarazo ni en días de menstruación. Tampoco con el estómago lleno: deja pasar dos o tres horas desde la comida. Empieza siempre con presión ligera y sube muy despacio.
La presión mantenida en el abdomen se aplica justo donde pasa la aorta. Si al apoyar la mano notas un latido que empuja hacia los lados o un bulto que late, retira la mano, no insistas y recomienda al paciente que lo consulte. Omite el tratamiento con hernia abdominal, cirugía abdominal reciente, dolor abdominal sin causa conocida, y en personas mayores frágiles.
El bombeo del abdomen es exigente. No se pide en embarazo, menstruación, hernia, cirugía reciente ni con el estómago lleno. Si el paciente se marea o le falta el aire, se para.
La tracción de los brazos hacia abajo se hace con firmeza sostenida, nunca con tirones. Omítela con hombro luxado u operado, lesión del manguito rotador, osteoporosis o problemas cervicales. En la espalda, los pulgares van a los lados de la columna, nunca sobre el hueso.
Las piernas y el abdomen se avisan antes. En el último punto los pulgares quedan en la cara interna del muslo, por encima de la rodilla: explica qué vas a hacer, espera el acuerdo del paciente y mantén cubierto lo que no estés tratando. La decisión es suya. No apliques presión profunda ahí con varices marcadas, flebitis o sospecha de trombosis; la señal de alarma es una pierna hinchada, caliente y dolorida.
Bajo los pómulos la presión es suave y se retira si hay dolor. Al terminar, que el paciente se incorpore despacio: después de tres cambios de posición y del trabajo abdominal es fácil marearse al levantarse de golpe.
El tratamiento en vídeo
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Damos, no quitamos. Aquí nombramos molestias y dolores porque así es como buscamos las cosas, y porque un masajista necesita saber qué le pasa a quien tiene delante. Pero al tratar no persigues un síntoma: das energía, y el cuerpo hace el resto.
Fuente: The Miracle of Healing Hands, Waheguru S. Khalsa (1997), pág. 93.

