Un tratamiento poco corriente: el sanador se sienta quieto sobre el paciente durante cinco minutos y después le guía a través de una serie de arqueos de espalda que hace él mismo. Está indicado para la sensación de opresión y congestión en el pecho, la espalda alta bloqueada, el hipo, los eructos y las náuseas. Dura unos dieciséis minutos y termina con el paciente a solas, descansando.
En qué ayuda este tratamiento
Este tratamiento actúa sobre la zona donde la séptima costilla se une a la columna, a la altura de la séptima vértebra torácica. Ahí, en los músculos que flanquean la columna, hay puntos de presión importantes para el diafragma, y trabajarlos ayuda con la sensación de congestión en el pecho y con la respiración que no acaba de entrar.
También ayuda con cosas más cotidianas: el hipo que no se va, los eructos que no salen, las náuseas leves. Y con la espalda alta rígida de quien lleva meses encorvado.
Después de la parte de presión, el paciente hace trabajo activo. Arquea la espalda, sostiene, respira. Eso le lleva más allá de donde llegaría solo, y el efecto que deja es de fuerza y de asiento, no de relajación blanda.
Qué hace este tratamiento
La presión inicial en los puntos junto a la séptima vértebra crea lo que el manual llama un arco de energía, que recorre la columna entera y llega al frente del cuerpo. Ese arco es la base de todo lo que viene después.
Luego el sanador se sienta sobre el paciente, que está boca abajo, y se queda quieto cinco minutos. No hay técnica ahí, no hay manipulación: hay peso, presencia y quietud. Después el paciente se estira sobre un costado y sobre el otro, y a continuación hace dos posturas de arqueo, primero levantando el tronco y las piernas de la camilla y después sujetándose los tobillos y balanceando la pelvis hacia delante, con el pecho y los muslos apoyados.
Esos arqueos son cosa suya, pero no los haría solo. El papel del sanador es acompañar, marcar el ritmo, insistir en la respiración por la nariz y sostenerle en el esfuerzo. El cierre son cinco minutos boca arriba, sin nadie en la sala y con un vaso de agua al lado.
Por qué se llama así
El nombre viene del I Ching, el antiguo oráculo chino. Para el autor de The Miracle of Healing Hands, la imagen del sanador sentado sobre el paciente es exactamente un hexagrama: el llamado Proporcionando Alimento, que es lo que hace un sanador con quien atiende.
El hexagrama tiene dos partes. Arriba, la montaña: el sanador inmóvil, sin hacer nada, sosteniendo. Abajo, el trueno: el paciente, energía dinámica y repentina, algo que avanza deprisa. Esa es la clave del tratamiento y también su dificultad. Lo que se le pide al sanador no es habilidad, es quietud. Y a la mayoría le cuesta más quedarse quieto cinco minutos que hacer una secuencia complicada.
Cuándo usarlo
Con el paciente que llega con el pecho cerrado y la espalda alta dura, y que tiene forma física suficiente para participar. Es un tratamiento que pide colaboración: si alguien no puede o no quiere hacer nada por su parte, no es este.
Como preparación de la zona, Masaje de la 7ª Costilla trabaja la misma región de forma minuciosa y pasiva. Seguridad y Conexión con la Tierra busca el mismo asiento sin exigir esfuerzo al paciente. Y Rebote y Equilibrio es la alternativa cuando quieres mover la columna sin que él tenga que sostener ninguna postura.
Zonas que trabaja
Músculos junto a la columna a la altura de la séptima vértebra torácica, diafragma, columna entera, zona baja de la espalda y caderas. El paciente empieza boca abajo, pasa por los dos costados y termina boca arriba. Hace falta camilla firme, y cintas, toallas o cuerdas por si no llega a agarrarse los tobillos.
Antes de practicarlo
Sentarse encima de un paciente requiere permiso explícito. Explica antes qué vas a hacer y por qué, pregunta si le parece bien y deja claro que puede decir que no o que se baje en cualquier momento. Descarga tu peso sobre las rodillas y las piernas: te apoyas, no te sientas encima del todo. Si la orientación no le resulta cómoda, gírate hacia los pies, como indica el propio manual. Y si el paciente no está a gusto, se abandona esta parte sin discusión.
No se hace en embarazo, ni por la postura boca abajo ni por el peso. Se omite también con osteoporosis, hernia discal, cirugía reciente de columna, prótesis o problemas de cadera, y cuando la diferencia de tamaño entre sanador y paciente hace que el peso sea excesivo.
Los arqueos los hace el paciente y hay que graduarlos. Si no está en forma, se hacen en tandas de treinta segundos con descanso, tal y como dice el manual. Si aparece dolor, si hay una lesión o si le molesta a los pocos segundos, sale de la postura y se relaja. No se insiste, no se anima a aguantar el dolor.
Se evitan estas posturas con hernia discal, espondilolistesis, cirugía lumbar reciente, problemas serios de rodilla o de hombro que impidan llegar a los tobillos, y con hipertensión mal controlada. Para el que no alcanza, se usan cintas o toallas antes que forzar.
Un aviso que no está en el manual. Este tratamiento nombra el dolor en el pecho. Un dolor torácico nuevo, intenso, que aprieta o que se extiende al brazo, la mandíbula o la espalda no es materia de masaje: es una urgencia médica. Aquí hablamos de opresión y congestión, no de eso.
Al terminar, el paciente se queda solo cinco minutos. Déjale agua a mano y vuelve antes de que se levante, porque después de los arqueos y del reposo es fácil incorporarse mareado.
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Damos, no quitamos. Aquí nombramos molestias y dolores porque así es como buscamos las cosas, y porque un masajista necesita saber qué le pasa a quien tiene delante. Pero al tratar no persigues un síntoma: das energía, y el cuerpo hace el resto.
Fuente: Manual Nivel 1 (2020), pág. 116 · The Miracle of Healing Hands, Waheguru S. Khalsa (1997), pág. 171.

